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Domingo 12 de diciembre del 2004


UN SINGULAR HABEAS CORPUS

Por Hernán Maldonado

La respetable Asociación de Abogados de España confirió este fin de semana un galardón a Reynaldo Peters por su ocurrencia de plantear un Habeas Corpus en una hoja de papel higiénico, cuando hace 32 años se encontraba encarcelado bajo la dictadura banzerista.

La noticia fue recogida este sábado por las principales agencias noticiosas internacionales de manera que fue una ocasión para que el nombre de Bolivia apareciera con su aporte en la semana en que se celebró en todo el mundo el Día de los Derechos Humanos.

Nada menos que el ministro de Justicia de España, Juan Fernández López Aguilar, fue el encargado de entregarle el premio al compatriota. Aparentemente esta es la primera vez que la asociación española otorga esta distinción a un abogado boliviano.

Conocí a Reynaldo en la facultad de Derecho de la UMSA. Caminábamos por sendas opuestas, en esos tiempos en que los universitarios éramos protagonistas del acontecer político del país.

Con sus lentes gruesos y el humo denso de un cigarrillo, que nunca parecía desaparecer de sus manos, Reynaldo era un empedernido movimientista de izquierda, paradójicamente en esos primeros años de los 60 cuando el MNR ya no tenía casi ninguna vigencia en las universidades.

Todavía más. Estaban contados los días en la presidencia del máximo líder movimientista Víctor Paz Estenssoro.

Después perdí de vista a Reynaldo, hasta que en Caracas me enteré de que era prisionero de la dictadura del general Hugo Bánzer. No pude creerlo y más si Paz Estenssoro y el MNR habían vuelto al gobierno abrazados a los golpistas del 21 de agosto de 1970.

Sin embargo Peters estaba preso y se dio modos para plantear su propio recurso de Habeas Corpus en un papel higiénico. Precisamente por ese desesperado gesto de hacer valer el imperio del Derecho es que sus colegas españoles lo han distinguido ahora.

Es viejo aquel dicho de que "el abogado que se defiende a si mismo tiene por cliente un tonto". Pero es que en aquellos días terribles de la dictadura, no había abogados para los presos políticos. Estaba en su apogeo el pregón del general-presidente: "A mis amigos, todo; a los indiferentes, nada; a mis enemigos, palo".

Pasó otro rosario de años antes de que volviera a encontrarme con Reynaldo. En medio de una de esas contínuas huelgas de choferes, un vez busqué taxi desde el Cementerio. Al llegar al mercado Camacho me rendí y decidí hacer dedo. De pronto escuché que me llamaban desde un jeep. Era Reynaldo. Me satisfizo comprobar que no lo habían envanecido las alturas del poder.

Otra vez los años rompieron almanaques hasta que supe por unos sueltos de prensa que a Reynaldo se lo acusaba de corrupción cuando fue ministro de Trabajo. No podía creerlo. Busqué por meses algo sólido sobre esa denuncia y nunca lo encontré.

Hace un año, cuando empezó a plantearse el juzgamiento del ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, me enteré que Reynaldo es uno de sus abogados defensores. Reynaldo fue y será movimientista hasta el final. Pero por encima de todo, creo que es uno de los que cultiva la lealtad.

Talvez eso también forma parte de los considerandos que hicieron que la Asociación de Abogados de España le confiriera el honor que honra no sólo a Peters, sino a todos aquellos que en Bolivia dieron hasta su vida en defensa de los derechos humanos.