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Miércoles 15 de julio de 1998


COSTUMBRES BOLIVIANAS
QUE DEBERIAN DESAPARECER

Por Hernán Maldonado
Especial para la Agencia de Noticias Fides


Miami – Cuando el mundo está a un paso de doblar la esquina del próximo siglo hay hechos, usos y costumbres que resultan añejos y su aplicabilidad hace caminar a sus protagonistas por el borde del ridículo.

En una época en que las vías de comunicación eran azarosas y el transporte se hacía todavía a lomo de caballo, se justificaba que el presidente de la república necesitara de un permiso del Poder Legislativo para ausentarse del país en misión oficial.

Se suponía, y con razón, que el mandatario demoraría considerablemente en su viaje y dado que la Constitución establece su presencia "constante y permanente en el cargo", entonces quien debía suplirlo era el vicepresidente.

Ahora las cosas han cambiado sustancialmente. En menos de 24 horas un viajero procedente de Bolivia podría estar en cualquier rincón del mundo.

El avance de los medios de comunicación social hace que cualquier persona medianamente formada se entere que tal o cual reunión internacional va a realizarse, de manera que también resulta ridículo que el Parlamento sea el que discuta (a veces largamente) si se otorga o no el permiso de ausencia.

Es normal que si hay una invitación de por medio, una Cumbre presidencial, de Mercosur, del Pacto Andino, Iberoamericano, etc, quien debe viajar es el presidente, de manera que es ocioso que el Congreso pierda su tiempo ante algo que es obvio.

Una notificación del ejecutivo al presidente nato del Congreso (en este caso el vicepresidente del país) debía bastar, llevando implícita la convocatoria a éste de hacerse cargo del gobierno mientras dure la ausencia del titular.

Cuando debía intervenir el Congreso para el permiso es en casos tales como una ausencia por motivos de salud, familiares y que lleven implícito un alejamiento temporal más o menos prolongado.

Por otra parte debe prescindirse de normas del protocolo antiguas y que a estas horas ya lindan con lo irrisorio. En momentos en que el tiempo es oro para cualquier ejecutivo, es absurdo ver que hay una ceremonia para posesionar al presidente interino. Por si fuera poco hay otra ceremonia de despedida del viajante con asistencia del gabinete en pleno, de los altos mandos militares, policiales, etc.

A la vuelta del viaje (que generalmente no dura más de tres dias) se repiten esas ceremonias que parecen un besamanos propio de tiempos coloniales.

También resulta ridículo que el presidente sea el encargado de inaugurar todo cuanto deba inaugurarse, hasta de cosas que deberían ser de la competencia de un simple subsecretario.

Vaya y pase tratándose de un camino, un complejo educacional, una fábrica que dará empleo a un millar de obreros, etc, unos Juegos Boliviarianos, etc., pero ¿inagurar un torneo de raquetbol? como ocurrió el pasado fin de semana en Cochabamba...

Tres días después, el presidente asistió a la promoción de una carrera automovilística, como si le sobrara el tiempo.

En otras épocas en países latinoamericanos las carreras de autos tenían importancia porque implícito obligaban a las autoridades a mejorar su red vial, a pavimentar los caminos, a crear postas de auxilio, centros sanitarios, etc.

Eso ya no existe. Ahora de lo que se trata es de hacer propaganda de las marcas de vehículos, de la potencia de los motores, de la calidad de sus neumáticos o sus sistemas de frenos en carreteras mayormente de ripio. Es un negocio que tiene cada vez menos de deportivo.

Y en cuanto a la destreza de los pilotos que (según transnochados locutores deportivos manejan a velocidades de vertigo) conducen sus "bólidos" a una media de 85 o 90 kilómetros por hora, es otro cuento de país subdesarrollado, porque aquí en Miami cualquier hijo de vecino maneja a esa velocidad (es legal) al ir a su oficina todos los días.